Una de las tareas del IRFAM, en Anyama (Costa de Marfil)

No es infrecuente que la ceguera siga siendo considerada como una maldición, que conduce a la marginación y exclusión de la vida familiar y vecinal. Llegándose en ocasiones a la expulsión física o al confinamiento en el fondo de la propia vivienda familiar, impidiendo un mínimo desarrollo personal. Especialmente en zonas y localidades apartadas de África.

Además: la dificultad –imposibilidad incluso- de acompañarles a escuelas no siempre próximas, hacen impensable una escolarización enclusiva.

Resulta entonces necesaria la disponibilidad de residencias y alojamientos con ambiente adecuado, que permitan la recuperación y atención personal. Tanto en el plano psicológico y espiritual como en el de higiene y cuidado personales, desarrollo psicofísico adecuado a su edad, hábitos sociales, aprendizaje de la lengua vehicular hablada, autonomía personal…

 

Es decir: donde se les reconozca su dignidad como personas miembros de una sociedad que los estima y en la que participa en la medida de sus posibilidades.

 

 

Anyama (Costa de Marfil, febrero 2018)